El cuento del cuarto impúdico
No sufrimos todos los despechos iguales, tampoco los drenamos de la misma manera. Una ruptura puede tumbarnos al suelo de tristeza mientras degustamos el amargo sabor de la caída como también abrirnos los ojos hacia nuevas oportunidades dejando una buena enseñanza; a veces nos da por abstraernos y reencontrarnos, otras por avocarnos a las responsabilidades y otras por anular los pensamientos con alcohol.
A mi esta en particular me dio en la madre. La niña de mis ojos me había sido infiel, con la más cruda de las sinceridades me lo confesó y luego de haber roto mi corazón, desapareció dejándome vacía la otra mitad de la cama que tan bien sabía llenar. Habían sido los peores nueve días de mi vida y sentía que todo en casa me hacía extrañarla, así que llegado el fin de semana decidí aceptar la invitación de mis amigos para salir, rumbear y olvidar las penas.
Siempre me acompañaban los mismos tres, hombres porque no soy mucho de tener amigas, incondicionales como esos “amigos gay que toda mujer debería tener”, cofianzudos y ocurrentes, los cuales enterados del suceso habían planeado una noche de destrucción etílica con al menos cuatro paraderos diferentes. El tour daba comienzo en casa de alguno y terminaba en una discoteca, obviamente de ambiente, una vez que coordináramos con dificultad de la borrachera.
Así lo hicimos y al principio de la ingesta fiestera sentía que mis ánimos estaban más abajo de lo que yo podía imaginar. La pensaba y soñaba con que viniera a aprovecharse de mi embriaguez de esa manera sigilosa y erótica en la que siempre me coqueteaba para tener sexo. En verdad creo que ese era el mayor de los problemas, me preguntaba si encontraría alguien con un cuerpo más exquisito que el suyo, con unos movimientos más sexys, con un entrepierna más enviciante y con unos alaridos de placer más estruendosos. ¿Volvería acaso a tener tan buen sexo alguna vez?
En el transcurso de la noche fui notando como se adormecía cada una de mis neuronas hasta que ya no pude pensar más y comenzaron a gobernar mis sentidos, o al menos lo que quedaba de ellos. A eso de las 3:00 a.m. llegamos al conocido local según los planes, dando tumbos. Varios ambientes musicales para todos los gustos, tragos de barra libre adulterados y la especial sección de cuarto oscuro hacían del antro un lugar perfecto para terminar la fiesta. Recorrimos todos los recovecos siempre maraqueando un trago, bailamos y creo que uno de ellos rodó por las escaleras.
Cuando el vodka tocó las puertas de mi hipotálamo y se activó la alarma de la libido, le di la bienvenida y transformé mi estado de bailarina risueña al de cazadora en temporada buscando su presa. Yo que no soy mucho de conocer mujeres en discotecas ni de hacer locuras de una noche, me aventuré al temible cuarto oscuro, donde lo crean o no, la gente entra con la finalidad de tener sexo con cualquier desconocido.
Tanteando figuras con miedo y abriendo los ojos cada vez que un reflejo de luz mostraba el camino, empecé a andar hasta toparme con unos zapatos de tacón. Supe que eran de mujer por la talla, sus delgadas manos me tomaron de la muñeca y de un jalón la anónima me posó sobre ella, arrinconándola contra una pared. Me dispuse a besarla y morderla; primero los labios, después el cuello y bajé hasta sus hombros. En medio del humo aun se sentía a lo lejos el aroma de su piel, cautivante y profundo.
Deslicé mi mano palpando sus senos, su abdomen y sus piernas descubiertas, retrocedí, metí mis garras bajo su falda, y sin hacer movimientos bruscos le acaricié los muslos hasta sentirla mojada. Arrimé la ropa interior con mi dedo medio y la penetré con el índice, la escuché gemir y contonearse contra la pared como un gato. A su vez ella levantaba mi camisa y acariciaba mi pecho con dificultad bajo el sostén, cada vez estaba más húmeda y mi instinto era el de no parar.
Debido a mi atuendo a ella le costó gran trabajo acercarse a mi sexo, por lo que durante esos minutos de penumbra todo el trabajo lo hice yo. Instigada por el alcohol, la oscuridad y la excitación me tomé la libertad de recorrerla con la boca, besando su tronco y extremidades con destejes de recato, degustando ese saborcito tan familiar. Mientras mordizqueaba su barbilla pensé, afirmando de manera optimista, que si podía seguir disfrutando de igual o mayor manera las mujeres, aún era capaz de reproducir orgasmos y emocionarme ante un lindo cuerpo, de tener sexo del modo más genial; se me escapó una sonrisa y ella paró de responder mis besos.
Volvió a tomar mi muñeca y guiando el paso se dirigió a la luz, antes de salir por completo del cuartito impúdico me susurró al oído “sigamos con ESTA fiesta, te quiero tocar toda” y su voz me recorrió en un escalofrío. Cuando las luces de colores que ambientaban el lugar fueron de a poco alumbrando su figura, mi cuerpo se puso frío y mis pies dejaron de andar en el acto. Conmigo aún escondida bajo la sombra, me escrutó con la mirada y sólo supe que me había reconocido cuando segundos después, soltó mi brazo.
Ahí estábamos. Dos exnovias reunidas por la locura de una noche, teniendo sexo sin saberlo y disfrutándolo como toda una nueva aventura, reencontradas en la incógnita de unos minutos de oscuridad.








Wowwwww! Me EN CAN TO! Aunque.. Debo decir que es un tanto extraño que habiendo sido pareja no se dieran cuenta de quienes eran pues al uno conocer tanto a esa persona, sabe quien es sea donde sea que se encuentren y sea cual sea el estado en que estan.. No obstante, me gustó muchísimo, transmite emociones y te lleva de un extremo al otro, como que me gusta.
Es increíble te escuche por primera ves en el templo pagano cuando estaba salteando las emisoras me llamo tanto la atención el programa que me quede y hasta hoy no sabia cuando lo pasaban ni nada; Me encantan tus historias y coincido con el comentario de Anónimo es realmente imposible (para mi) el no recordar un cuerpo que haya tocado, besado etc… por más loca que me pueda encontrar lo que toco nunca olvido.
Muy buena escritora y bellísima voz!
Es mucho mejor que el "ultimo polvo" y a la vez una extraña fantasía! Lo mejor seria mantenerse en el personaje para no pensar en finales incómodos o dolorosos.. me causo un placer culposo!