Nada más aburrido que lo esperado
Si he de ponerme personal con las columnas, les contaré que soy una persona que se aburre fácilmente, o al menos eso considero. Puedo pasar de una actividad a otra casi de manera camaleónica cada cierto período de tiempo, lo que ha hecho que disfrute un sinfín de variadas destrezas, aunque también es cierto que conlleva un poco de inestabilidad.
Con las relaciones no soy diferente; puedo compartir con personas que se adapten cómodamente a un cerebro nómada, de esos que jamás se quedará por mucho tiempo donde estaba meses atrás. ¿Con el sexo? Pues igual.
Disfruto de cuando en vez de las sorpresas (claro, de las buenas) y si son de esas picantes que necesitan supervisión de un adulto, que abrevian con tres “x”, que te piden identificación para ver en el cine y que a tus papás por lo general les incomoda hablar pues mucho mejor.
Aunque en el sexo todos tenemos puntos débiles y ciertas cosas; partes de tu cuerpo, posiciones, partes de otro cuerpo, maneras de estimularnos y fantasías recurrentes que siempre nos llevarán de manera placentera al orgasmo no hay nada como agregarle algo diferente a cada ocasión.
Cambiar de ambiente es, por ejemplo, una buena manera de romper con la rutina sexual. Bien sea dentro o fuera de la casa, en territorios públicos o privados, legales o ilegales, el dejarse llevar por un lugar o una situación sin que el sitio del encuentro se convierta en un automatismo puede agregarle algo hot. Hay otras que de vez en cuando, se visten de infarto: con algo sugerente que es sólo el envoltorio de una ropa interior de colores llamativos y formas tentadoras, que te modelan como de película mientras se trepan sobre ti.
A mí, por ejemplo, me parece sexy una mujer sin inhibiciones. Que de a ratos esté dispuesta a explorar todo lo que cruce por nuestras cabezas, que se exponga a ser estudiada por todos mis sentidos, sin mucho pudor ni recelo y que disfrute el tiempo con luces encendidas y demás, tanto o más que yo.
Los más audaces se animan a probar distintos juegos, en dónde la variedad es inimaginable. Desde juegos de mesa con órdenes sexuales para las personas involucradas hasta interacciones de roll con disfraces y cambio de personalidad incluido, las opciones para “jugar” con el sexo son infinitas. Entre ellos, creo que también podríamos agregar el travesear con comida sobre o dentro de los cuerpos involucrados o recurrir a sextoys para dar el giro sorpresivo.
El hecho es que para el espíritu rebelde la monotonía es tortura, y como en el trabajo, las relaciones interpersonales y todas nuestras acciones, el sexo debe moverse al ritmo de los más íntimos deseos, a flote de los fugaces momentos que constituyen la vida y sirviente de nuestra constante imaginación.
Todo lo demás, es aburrido.








Me gustó mucho tu columna, espíritu rebelde